Page 416 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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inocencia. Se  oyen voces de ángeles que
               anuncian en el cielo la paz que el  recién nacido
               trae al universo. Los primeros adoradores son
               María,  la  Madre  y  José,  el  padre  putativo;
               después, los  humildes pastores invitados por
               voces angélicas, descienden de la colina. Más

               tarde  llegará una  caravana  de  gente  ilustre
               precedida,  desde  lejos,  por  una  estrella  y
               ofrecerá dones preciosos llenos de significado.

                     Pero entre tanto todo adquiere en aquella
               noche de Belén lenguaje de universalidad.

                     Sobre este tercer misterio, que obliga a que

               toda rodilla se doble  ante la  cruz,  hay quien
               gusta  de  contemplar  los  ojitos  sonrientes  del
               divino infante en actitud de mirar a todos los
               pueblos de la tierra que pasan, uno después de
               otro,  como  en  revista  ante  Él  y  a  los  que  Él
               identifica: hebreos,  romanos,  griegas, chinos,
               pueblos  de  África  y  de  todas  las  regiones  del

               universo  y  de  todas  las  épocas  de  la  historia,
               pasadas, presentes y futuras.

                     Para otros,  cambio,  durante las diez Ave
               Marías de este misterio del nacimiento de Jesús
               les gusta encomendar a Él  el número sin
               número  de  los  niños  de  todas  las  razas
               humanas que durante las últimas veinticuatro
               horas  del  día  y  de  la  noche  precedente  van

               naciendo.  Todos  estos  niños,  bautizados  o  no,



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