Page 420 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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amargura          extrema          de     la     soledad,         el
               quebrantamiento del cuerpo decaído. La agonía
               viene  provocada  por  la  inminencia  de  aquello
               que Jesús  ve bien claro:  la pasión que  le
               espera.


                     La escena de Getsemaní sirve  de estímulo
               al esfuerzo  de la voluntad  para aceptar el
               sufrimiento,  aceptación  plena  del  sufrimiento,
               cuando es Dios quien quiere o permite nuestro
               sufrimiento:  Nom  mea  voluntas,  sed  tua  fiat
               (Lucas 22, 42). Palabras que desgarran y curan
               porque enseñan hasta que grado puede y debe
               llegar  el  cristiano  que  sufre  con  Jesús  que

               sufre, y nos dan la certeza para nosotros de los
               méritos más inenarrables, los méritos de la vida
               divina en nosotros, viva vivas en nosotros hoy
               en al gracia, mañana en la gloria.

                     Un intención hay  que  tener  presente  aquí,
               en  este  misterio:  la  sollicitudo  omnium

               ecclesiarum  (2Cor  11,  28), el  ansia que agita
               como  el  viento  que  agitaba  el  lago  de
               Genezaret:  «pues  el viento era contrario»
               (Mateo  14, 24) la plegaria oración diaria del
               Papa, el ansia  de las  horas más agitadas  del
               altísimo  ministerio  pastoral;  el  ansia  de  la
               Iglesia que diseminada por toda la tierra sufre
               con  él,  y,  al  mismo  tiempo,  él  sufre  con  la
               Iglesia,  presente  en  él  y  que  sufre  en  él;  el

               ansia  de  miles  de  almas,  partes  enteras  de  la



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