Page 40 - Libro Nuestra Señora de La Estrella
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ser poco vicioso de embriagarse, y dicen que es tan
hábil con la flecha que el español sólo lo aventaja en
los arcabuces.
Para los casamientos hay terceros de testigos, y si
la mujer es de buen parecer y doncella, ha de dar en
oro una dote crecida; el marido no puede tocarla hasta
que ella le haga cierta seña. Sus entierros son como los
demás que se acostumbran en las provincias Muiscas
encerrando en el sepulcro y bóvedas sus caudales,
criados y criadas, comidas y armas, creyendo haber de
poseer esto en la otra vida.
Decía el Capitán Antonio Mancipe que tenía una
india (que yo conocí) tan ligera, que cuando salía a
sabana, siempre venía cargada con conejos y otros
animales salvajes que había alcanzado por sus pies.
(Parte II y III, Cap. 24 pág. 327).
“El golfo de Urabá (que es una ensenada grande
que se mete hasta veintiséis leguas al Sur, parece que a
recibir con tiempo las grandes aguas del Darién) se le
puso en esta ocasión este nombre por un famoso
Cacique llamado Urabá, que enseñoreándose de los
grandes pueblos que ocupaban y hoy ocupan las
márgenes, del Este de este golfo, se hacía temer de sus
convecinos. Tomaban los términos de su tierra desde
los bajos que llaman de Caribana (que era el otro
Cacique llamado así) hasta acercarse á la boca del
Darién, dicho así por otro famoso Cacique que tenía el
mismo nombre y estado situado a la boca de este gran
río, que teniendo sus principios en la laguna del
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