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Pues bien dice la Escritura:


                     ¡Ay de aquellos que meditan iniquidad, que traman maldad en
                     sus lechos y al despuntar la mañana lo ejecutan, porque está en
                     poder de sus manos! Codician campos y los roban, casas y las

                     usurpan; hacen violencia al hombre y a su casa, al individuo y
                     a su heredad. Por eso, así dice Yahveh: He aquí que yo medito,
                     contra esta ralea, una hora de infortunio de la que no podréis
                     sustraer vuestro cuello. ¡No andaréis con altivez, porque será
                     un tiempo de desgracia! Aquel día se proferirá sobre vosotros
                     una sátira, se plañirá una lamentación y se dirá: «¡Estamos des-
                     pojados del todo; la porción de mi pueblo se ha medido a cor-
                     del, y no hay quien restituya; a nuestros saqueadores les tocan
                     nuestros campos!» Por eso no habrá para vosotros nadie que

                     tire el cordel sobre un lote en la asamblea de Yahveh (Miq 2, 1-5).

                Todos  reconocemos  que  las  normas  de  Ley  natural  son
                básicas en la vida de los pueblos civilizados, ya sea en las
                relaciones entre los  individuos,  ya  en las de las familias,

                entre las ciudades  o entre  los países.  Si,  por ejemplo, el
                Estado tuviera el derecho de apoderarse arbitrariamente y
                sin indemnización justa de lo que es de los particulares, se
                habría llegado al más oscuro totalitarismo.


                Si los individuos pudiesen retener lo que quitasen al Estado
                o a otros particulares, el orden civil se desmoronaría. Sería
                esta la causa real de la ruina nacional y todos los ciudadanos
                quedarían en la indigencia.


                Como se ve fácilmente, un sinnúmero de casos de conciencia
                complejos, dolorosos, y muchas veces cruciales, surgen de




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