Page 191 - Propiedad privada Institución y Derecho
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Pues bien dice la Escritura:
¡Ay de aquellos que meditan iniquidad, que traman maldad en
sus lechos y al despuntar la mañana lo ejecutan, porque está en
poder de sus manos! Codician campos y los roban, casas y las
usurpan; hacen violencia al hombre y a su casa, al individuo y
a su heredad. Por eso, así dice Yahveh: He aquí que yo medito,
contra esta ralea, una hora de infortunio de la que no podréis
sustraer vuestro cuello. ¡No andaréis con altivez, porque será
un tiempo de desgracia! Aquel día se proferirá sobre vosotros
una sátira, se plañirá una lamentación y se dirá: «¡Estamos des-
pojados del todo; la porción de mi pueblo se ha medido a cor-
del, y no hay quien restituya; a nuestros saqueadores les tocan
nuestros campos!» Por eso no habrá para vosotros nadie que
tire el cordel sobre un lote en la asamblea de Yahveh (Miq 2, 1-5).
Todos reconocemos que las normas de Ley natural son
básicas en la vida de los pueblos civilizados, ya sea en las
relaciones entre los individuos, ya en las de las familias,
entre las ciudades o entre los países. Si, por ejemplo, el
Estado tuviera el derecho de apoderarse arbitrariamente y
sin indemnización justa de lo que es de los particulares, se
habría llegado al más oscuro totalitarismo.
Si los individuos pudiesen retener lo que quitasen al Estado
o a otros particulares, el orden civil se desmoronaría. Sería
esta la causa real de la ruina nacional y todos los ciudadanos
quedarían en la indigencia.
Como se ve fácilmente, un sinnúmero de casos de conciencia
complejos, dolorosos, y muchas veces cruciales, surgen de
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