Page 186 - Propiedad privada Institución y Derecho
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la obediencia un crimen. Por otra parte, envuelve una grave
                     ofensa a la misma familia y a la sociedad entera, puesto que
                     pecar contra la religión también es delinquir contra el Estado.

               Aplicar una transferencia forzada de inmuebles de sus legíti-

               mos propietarios a terceros, hecha sin motivo justo y sin la
               indemnización adecuada, constituye una violación clara del
               séptimo mandamiento de la ley de Dios. Por consiguiente,
               es un doloroso problema de conciencia.


               En efecto, los moralistas católicos califican esta acción como
               un robo, con unanimidad. Por tanto, en principio y salvo
               circunstancias muy concretas, eventualmente ligadas a deter-
               minadas situaciones específicas, el católico, por conciencia
               moral, no tendrá derecho a recibir tales tierras usurpadas.


               Y si es obligado a recibirlas, tendría que renunciar a ellas,
               pues a nadie es lícito aceptar lo que no le pertenece, ni que-
               darse en posesión de cosa alguna, cuando se sabe que perte-
               nece legítimamente a otro.


               Un católico fiel a la verdad no puede recibir las tierras pro-
               ducto de un despojo, ni un sacerdote puede impartir abso-
               lución de los pecados a alguien que reciba esos bienes y no
               los devuelva, a menos que tenga la intención de hacerlo lo
               antes posible.


               Fundamento doctrinario presentado con arrogancia
               por el progresismo católico



               Pero, objetará tal vez alguno, el carácter moral de la reforma
               rural descansa sobre un doble fundamento:



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