Page 188 - Propiedad privada Institución y Derecho
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pueblo. La Iglesia oyó el clamor de la multitud hambrienta
               e intercedió eficazmente. Este es otro de muchos títulos de
               gloria en los que ella ha buscado el equilibrio social y la paz.


               Si un soberano se hubiese negado a atender a la Iglesia, ale-
               gando que no es ella ni el pueblo, sino el Estado, el único

               que sabe si los impuestos son exagerados o no, ¿hubiera la
               Iglesia aceptado cómodamente este alegato dejando al pue-
               blo entregado al hambre? Ciertamente no lo habría hecho.


               Hoy en día no son reyes, sino gobernantes de repúblicas que
               ella tiene delante. Desde el momento en que una de estas
               repúblicas intente una expoliación de la propiedad privada
               en proporciones tales como quizá ningún rey practicó, esto
               es, si el Estado procurase adueñarse de la mayor parte de las
               tierras de un país, y los gemidos de los expoliados llegasen
               hasta la Iglesia, ¿deberá ella guardar silencio?


               A esta pregunta, cualquier conciencia cristiana, por sentido
               común, responderá diciendo que debe pronunciarse.


               Si se concibiese hipotéticamente que en la actual situación
               y por exigencia del bien común es necesaria una redistribu-
               ción de las tierras y que el poder público no tiene recursos

               para pagar las justas indemnizaciones, entonces, habría que
               dejar clarísimo que la redistribución sería realizada con ca-
               rácter de medida excepcionalísima, y por esta misma razón
               transitoria.


               No deja de ser curioso que se hable mucho de dar este gran
               paso, pero son muy pocos los que consideran un asunto que




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