Page 23 - Revista Bitacora
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Concupiscencia de los ojos, disipación intelectual
De la virtud de la Templanza, Josef Pieper “Las Virtudes Fundamentales−La Templanza”.
Síntesis preparada por Álvaro Gallón Rodríguez.
Bogotá, DC. 14 de junio de 2006.
La finalidad del ver es advertir la realidad. La concupiscencia de los
ojos hace que miremos, pero no precisamente para ver la realidad. San
Agustín dice que la gula no tiene interés en que su víctima se sacie, sino
que puramente coma y guste (Confesiones 10,35). Esto es exactamente
lo que ocurre con la curiosidad y con la concupiscencia de los ojos.
Santo Tomás, entiende el vicio de la curiositas como una inquietud
del espíritu y lo incluye en la evagatio mentis (disipación del ánimo), que
es, según él, la primogénita de la pereza (acedia). La acedia es la
desgana del corazón que no se atreve a lo grande para lo que el hombre
está llamado. La vemos actuar en aquellos momentos en que el hombre
procura sacudirse de la nobleza de su personalidad esencial,
paralizándolo todo con su inconstancia y flojera. Y lo que es vagancia
que traiciona al propio ser, se convierte luego en divagación. Por eso dice
Santo Tomás que la pereza es: “inquietud errante del espíritu”.
Esta inquietud del ánimo se manifiesta en el torrente de palabras e
intenciones que no conducen a nada concreto, en el descontrol y en las
ganas de escapar del recinto amurallado del espíritu para desparramarse
en la pluralidad, en el desasosiego interior, en la inestabilidad mental y
en la imposibilidad de asentarse en un lugar y de decidirse por algo.
Exactamente es lo que se llama curiosidad insaciable.
Se ve pues que cuando la capacidad de decisión degenera en
curiositas, puede ser algo más que una desorientación inocente del
espíritu. Siendo más bien un síntoma de auténtico desarraigo que puede
indicar que la persona ha perdido la capacidad de habitar en sí misma.
Se ha dado a la fuga de su propio yo y asqueada por la devastación que
observa en su propia voluntad, se desespera y busca con un miedo
egoísta por miles de caminos, aquello que le es imposible: La
magnanimidad de un corazón dispuesto al sacrificio y seguro de sí mismo
que trata de alcanzar la plenitud de la propia vida o autoestima.
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