Page 24 - Revista Bitacora
P. 24
Cuando mayores estragos causa la concupiscencia de los ojos es
cuando toda la persona se haya inmersa en ese mundo trivial. Miles de
escenas pasan como en una película ante su vista con una prisa
estentórea y sin otra cosa que persiguiendo ruidos y sensaciones y
desplazándose de unas a otras las imágenes.
Este es el mundo del nomadismo virtual que ha tomado entidad en
la cultura juvenil, tras cuya fachada alucinante sólo vive la nada. Un
mundo con flores de un día, con vivencias que al cuarto de hora que se
han vuelto insípidas y que se tiran como se tira un periódico acabado de
leer. La curiosidad una vez convertida en hábito vicioso, ahoga no sólo la
capacidad natural de percibir la realidad, sino también la percepción del
verdadero mundo y de toda la verdad.
La guarda de la vista como auto conservación
La intervención de la templanza cortando de raíz el ansia alocada de
sensaciones viene a proteger y defender lo defendible. El hombre se
opone con todas las fuerzas de su instinto de conservación a la fatal
tentación de dilapidarse y cierra el santuario de su vida interior a las
vanidades atosigantes de la vista y el oído, para volver a la ascética y
conservar, o restaurar al menos, aquello que contribuye a la verdadera
vida del hombre: percibir otra vez a Dios y su creación.
Si la virtud de la templanza consigue esto, viene luego la segunda
parte que es reedificar el yo a la luz de las verdades que ha recuperado.
La templanza tiene como objetivo llegar a tener un corazón limpio, una
pureza total. Por eso decía San Agustín que la virtud de pureza se había
creado para conservar al hombre intacto e incólume para Dios.
Ahora bien, ¿qué significa una pureza total?
Si nos atrevemos a describirla habría que decir de ella que es un
relacionarse con las personas y las cosas de una forma casta,
desprendida, serena y transparente. De esta forma, pureza quiere decir
una aceptación de la verdad sin reservas, que existe solo cuando
verdaderamente puede exclamarse: ¡Aquí está la esclava del Señor!
22

