Page 60 - Bitácora No 02
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Pío IX
En el numeral 4 de su Carta Encíclica Divini Redemptoris,
dedicada al comunismo, este Sumo Pontífice, advierte:
Frente a esta amenaza, la Iglesia católica no podía callar,
y no calló. No calló esta Sede Apostólica, que sabe que es
misión propia suya la defensa de la verdad, de la justicia y
de todos aquellos bienes eternos que el comunismo
rechaza y combate.
Desde que algunos grupos de intelectuales pretendieron
liberar la civilización humana de todo vínculo moral y
religioso, nuestros predecesores llamaron abierta y
explícitamente la atención del mundo sobre las
consecuencias de esta descristianización de la sociedad
humana. Y por lo que toca a los errores del comunismo,
ya en el año 1846 nuestro venerado predecesor Pío IX, de
santa memoria, pronunció una solemne condenación
contra ellos, confirmada después en el Syllabus.
Dice textualmente en la encíclica Qui pluribus: «[A esto
tiende] la doctrina, totalmente contraria al derecho
natural, del llamado comunismo; doctrina que, si se
admitiera, llevaría a la radical subversión de los derechos,
bienes y propiedades de todos y aun de la misma
sociedad humana»[1].
Más tarde, un predecesor nuestro, de inmortal memoria,
León XIII, en la encíclica Quod Apostolici numeris, definió
el comunismo como «mortal enfermedad que se infiltra
por las articulaciones más íntimas de la sociedad humana,
poniéndola en peligro de muerte»[2], y con clara visión
indicaba que los movimientos ateos entre las masas
populares, en plena época del tecnicismo, tenían su origen
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