Page 109 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 109
A Jacinta le agradaba mucho oír el eco de
la voz en el fondo de los valles. Por ello, uno
de nuestros entreteni mientos era sentarnos
en un peñasco del monte y pronunciar
nombres en alta voz. El nombre que mejor
eco hacía, era el de María. Jacinta decía a
veces, el Ave María entero, repitiendo la
palabra siguiente sólo cuando la anterior había
terminado su eco.
Nos agradaba también entonar cantos;
entre varios profanos de los que, infelizmente,
sabíamos bastantes, Jacinta prefería:
Salve, noble patrona; Oh Virgem Pura;
Angeles cantad conmigo.
Éramos, sin embargo, muy aficionados al
baile; cualquier instrumento que oíamos tocar
a los otros pastores, nos hacía bailar; Jacinta
a pesar de ser tan pequeña, tenía para eso un
arte especial.
Nos habían recomendado que, después de
la merienda, rezásamos el Rosario, pero como
todo el tiempo nos parecía poco para jugar,
encontramos una buena manera de acabar
pronto: pasábamos las cuentas diciendo
solamente: ¡Ave María, Ave María, Ave María!
Cuando llegábamos al fin del misterio,
decíamos muy despacio simplemente: ¡Padre
103

