Page 112 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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pecadores, por la salvación de los cuales tanto
se santificó.
V. Excia. Rvma., sabe bien que fue ella,
quien no pudiendo contener para sí tanta
alegría, quebrantó nuestro contrato de no
decir nada a nadie. Cuando, aquella misma
tarde, embebidos por la sorpresa, perma-
necíamos pensativos, Jacinta de vez en
cuando exclamaba con entusiasmo:
¡Ay qué Señora tan bonita!
Estoy viendo – le dije – que lo vas a decir a
alguien.
No lo diré, no; estáte tranquila.
Al día siguiente cuando su hermano corrió a
darme la noticia de que la noche anterior lo
había dicho en casa, ella escuchó la acusación
en silencio.
¿Ves cómo yo sabía que lo ibas a decir? – le
dije.
Yo tenía dentro de mí una cosa que no me
dejaba estar callada.
Respondió con lágrimas en los ojos.
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