Page 117 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 117

mejor los sacrificios. Y así, saboreamos aquella
                tarde  aquel  delicioso  manjar.  Jacinta,  tomó
                esto  por  uno  de  sus  sacrificios  habituales;
                cogía las bellotas amargas o las aceitunas de

                los olivos.

                    Le dije un día:

                    Jacinta, no comas eso, que amarga mucho.


                    Las  como  porque  son  amargas,  para
               convertir a los pecadores.


                    No fueron solamente éstos nuestros ayunos;
               acordamos  dar  a  los  niños  nuestra  comida,
               siempre  que  los  encontrásemos  y  las  pobres
               criaturas,  contentas  con  nuestra  generosidad,
               procuraban encontrarnos  esperándonos  en  el
               camino. En cuanto los veíamos, corría Jacinta a
               llevarles  toda  nuestra  comida  de  ese  día,  con
               tanta satisfacción como si no nos hiciese falta.


                    Nuestro  sustento  era  entonces:  piñones,
               raíces de campánulas (es una florecita amarilla
               que  tiene  en  la  raíz  una  bolita  del  tamaño  de
               una aceituna), moras, hongos y unas cosas que
               cogíamos  de      las  raíces  de  los  pinos,  que  no
               recuerdo como se llamaban, y también fruta, si
               es que la había ya en las  propiedades de

               nuestros padres.



                                                                              111
   112   113   114   115   116   117   118   119   120   121   122