Page 119 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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puerta de una viejecita, que al darme una
jarra con agua me dio también un trocito de
pan que acepté agradecida y corrí para
repartirlo con mis compañeros. Di la jarra a
Francisco y le dije que bebiese:
No quiero – respondió Francisco.
¿Por qué?
Quiero sufrir por la conversión de los
pecadores.
Bebe tú, Jacinta.
¡También quiero ofrecer el sacrificio por los
pecadores!
Derramé entonces el agua de la jarra en
una losa, para que la bebiesen las ovejas, y
después fui a llevarle la jarra a su dueña.
El calor se volvía cada vez más intenso, las
cigarras y los grillos unían sus cantos a los de
las ranas de una laguna cercana, y formaban
un griterío insoportable. Jacinta, debilitada por
la flaqueza y por la sed, me dijo con aquella
simplicidad que le era natural:
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