Page 121 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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aquella especie; que, por la noche, me obligaría
ir a ver a aquellas personas que había
engañado para confesar que había mentido y
pedir perdón.
Me fui con mis ovejas; mis compañeros en
ese día ya me es-peraban. Al verme llorar,
acudieron a preguntarme la causa. Les
contesté lo que me había pasado y añadí:
Ahora, decidme lo que voy a hacer; mi
madre quiere que diga que he mentido. Y
¿cómo voy a decirlo?
Entonces, Francisco le dijo a Jacinta:
¿Ves? Tú eres quien tiene la culpa. ¿Para
qué lo dijiste?
La pobre niña, se puso de rodillas, con las
manos juntas pidiéndonos perdón.
Hice mal, decía llorando, pero nunca diré ya
nada a nadie. Ahora preguntará V. Excia., que
quién le enseñó a hacer este acto de humil-
dad.
No lo sé. Tal vez el hecho de haber visto a
sus hermanos pedir perdón a sus padres la
víspera de la comunión; o porque fue a Jacinta,
según me parece, a la que la Santísima Virgen
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