Page 120 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Diles a los grillos y a las ranas que se
callen; ¡me duele tanto la cabeza!
Entonces Francisco le preguntó:
¿No quieres sufrir esto por los pecadores?
Sí, quiero; déjalos cantar, respondió la
pobre criatura apretando la cabeza entre las
manos.
Resistencia de la familia
Entre tanto, la noticia del acontecimiento se
había extendido.
Mi madre empezaba a afligirse y quería a
toda costa que yo dijera que era mentira lo que
había dicho.
Un día, antes de salir con el rebaño, quiso
obligarme a decir que había mentido, no
escatimó para ello, ni el cariño, ni las
amenazas, ni la escoba.
No consiguiendo obtener otra cosa que mi
silencio, o la confirmación de lo que yo había
dicho, me mandó abrir el rebaño, diciéndome
que pensase bien durante el día que, si nunca
había consentido una mentira a sus hijos,
mucho menos iba a consentir ahora una de
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