Page 136 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Cuando lo digo muchas veces parece como si
tuviera fuego en el pecho, pero no me quema.
Otras veces decía:
Me encantan tanto Nuestro Señor y Nuestra
Señora, que no me canso de decirles que les
amo.
Gracias alcanzadas por Jacinta
Había en nuestro pueblo una mujer que nos
insultaba siempre que nos veía. Nos la
encontramos cuando salía de la taberna; y la
pobre, como no estaba en sí, no se conformó
esta vez solamente con insultarnos. Cuando
terminó su tarea, Jacinta me dijo:
Tenemos que pedir a Nuestra Señora y
ofrecer sacrificios por la conversión de esta
mujer; dice tantos pecados, que, como no se
confiese, va a ir al infierno.
Unos días después pasábamos corriendo
por delante de la casa de esta mujer. De
repente, Jacinta se detiene y, volviéndose
atrás, pregunta:
Oye. ¿Es mañana cuando vamos a ver a esa
mujer?
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