Page 139 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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adivinaba lo que pasaba en el interior de cada
uno, por lo que descubriría si era o no cierto lo
que decíamos. Entonces Jacinta llena de alegría
decía:
¿Cuándo llegará ese Señor Padre que
adivina? Si adivina, ha de saber bien que lo que
decimos es verdad.
Jugábamos un día sobre el pozo ya
mencionado; la madre de Jacinta tenía allí,
lindando, una viña. Cortó algunos racimos y
nos los trajo, para que nos los comiésemos;
pero Jacinta no se olvidaba de sus pecadores
nunca:
No los comamos –nos dijo–, y ofrezcamos
este sacrificio por los pecadores.
Enseguida corrió a llevar las uvas a unos
niños que jugaban en la calle. A la vuelta venía
radiante de alegría; aquellos niños que jugaban,
eran nuestros antiguos pobrecitos.
Otra vez, mi tía nos fue a llamar para que
comiésemos unos higos que habían traído y
que, en realidad, abrían el apetito a cualquiera;
Jacinta se sentó con nosotros, satisfecha, ante
la ces- ta y cogió uno para empezar a comer,
pero de repente, acordándose, dijo:
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