Page 137 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Sí.

                    Entonces, no juguemos más; hacemos este
               sacrificio por la conversión de los pecadores.


                    Y,  sin  pensar  que  alguien  la  podia  ver,
               levanta las manos y los ojos al cielo, y hace el
               ofrecimiento.

                    La mujercita estaba espiando por el postigo

               de casa; después dijo a mi madre que le había
               impresionado  tanto  aquella  acción  de Jacinta,
               que no necesitaba más prueba para creer en la
               realidad de los hechos. Desde entonces no sólo

               dejó  de  insultarnos,  sino  que  también nos
               pedía continuamente que intercediésemos por
               ella  a  Nuestra  Señora,  para  que  le  perdonase
               sus pecados.

                    Nos  encontró  un  día  una  pobre  mujer,  y,

               llorando, se puso de rodillas delante de Jacinta,
               pidiendo que consiguiese de Nuestra  Señora
               ser sanada de una terrible enfermedad. Jacinta,
               al  verla  de  rodillas,  se  afligió  y  le  cogió  las
               manos trémulas, para que se levantase.


                     Pero  viendo  que  no  lo  conseguía,  se
               arrodilló  también  y  rezó  con la mujer tres
               avemarías. Después le  pidió que se levantara,
               que Nuestra Señora habría de curarla; y no dejó
               de  rezar  nunca  por ella,  hasta  que,  pasado



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