Page 133 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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¡Cúantas oraciones y sacrificios ofreció ella
               allí a nuestro buen Dios!

                     Entre ellas había innumerables lirios que le
               gustaban  mucho;  y  siempre  que  por  la  noche
               salía a esperarme al camino, me traía un lirio y
               cuando  no  lo  había,  otra  flor  cualquiera.

               Disfrutaba  mucho  cuando  me  encontraba;
               entonces, la deshojaba y me tiraba los pétalos.

                     Mi  madre  se  conformó  con indicarme  los

               sitios donde debía pastorear, y así sabía dónde
               estaba  para  mandarme  llamar  cuando  fuera
               preciso. Cuando estaba cerca, avisaba a mis
               compañeros,  que  enseguida  iban  allí.  Jacinta

               corría  hasta  estar  cerca  de  mí.  Después,
               cansada,  se  sentaba  y  me  llamaba;  no
               callándose hasta que yo le respondía e iba a su
               encuentro.


                    La molestia de los interrogatorios

                    Mi  madre,  cansada  de  ver  cómo  mi
                hermana  perdía  el  tiempo por ir a buscarme

                continuamente  y  a  quedarse  en  mi  lugar  con
                el rebaño, determinó venderlo, y, de acuerdo
                con mi tía, nos manda- ron ir a la escuela. A
                Jacinta  le  gustaba,  durante  el  recreo,  ir  a
                hacer algunas visitas al Santísimo; pero decía:

                     Parece  que  lo  adivinan;  en  cuanto  entra



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