Page 129 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 129
El Rosario en la prisión.
Determinamos entonces rezar nuestro
Rosario. Jacinta sacó una medalla que llevaba
al cuello, y pidió a un preso que la colgara de
un clavo que había en la pared y, de rodillas
delante de la medalla, comenzamos a rezar.
Los presos rezaban con nosotros, si es que
sabían rezar; al menos, se pusieron de rodillas.
Terminado el Rosario, Jacinta volvió a la
ventana a llorar.
Jacinta, ¿entonces, tú no quieres ofrecer
este sacrificio al Señor? – le pregunté.
Quiero, pero me acuerdo mucho de mi
madre y lloro sin querer.
Como la Santísima Virgen nos había dicho
también que ofreciésemos nuestras oraciones y
sacrificios en reparación de los pecados
cometidos contra el Inmaculado Corazón de
María, quisimos combinarnos escogiendo cada
uno una intención. Uno lo ofreció por los
pecadores, otro por el Santo Padre, y otro en
reparación de los pecados cometidos contra el
Inmaculado Corazón de María.
Puestos de acuerdo, pregunté a Jacinta cuál
era la intención por la que lo ofrecía ella:
123

