Page 130 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Yo lo ofrezco por todas, porque todas me
agradan mucho.
Su afición por el baile
Entre los presos, había uno que sabía tocar
el acordeón; y, para distraernos un poco,
comenzaron a tocar y cantar. Nos preguntaron
si sabíamos bailar. Les dijimos que sabíamos el
«fandango» y la «vira».
Jacinta, fue entonces la compañera de un
pobre ladrón, que, viéndola tan pequeña,
terminó bailando con ella en los brazos. ¡Ojalá
Nuestra Señora haya tenido compansión de su
alma y lo haya convertido!
Ahora dirá V. Excia. «¡Qué bellas
disposiciones para el martirio!»
Es verdad; pero éramos niños y apenas
pensábamos. Jacinta tenía para el baile una
inclinación especial y mucho arte. Me acuerdo
que un día lloraba por uno de sus hermanos
que estaba en la guerra y creía muerto. Para
distraerla empecé a bailar con dos de sus
hermanos, y la pobre criatura comenzó a bailar
y al mismo tiempo a limpiarse las lágrimas que
le corrían por la cara.
Sin embargo, a pesar de esta inclinación que
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