Page 23 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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menos  de  resentirse  de  sus  lecturas  piadosas,
               amenas  y  monjiles.  Pero  siempre  triunfa  su
               naturalidad,  su  viveza,  su  alegría.  ¿Quién  no

               recuerda su despedida nocturna de los lugares
               amados  de  las Apariciones,  en  la  vigilia  de  su
               marcha a Oporto? ¿Cómo no admirar la gracia
               con que se fija en los zapatos de tal Canónigo

               con  sus  hebillas  de plata?  ¿Cómo  no  sentirse
               arrebatado  por  la  transcripción  de  aquellas
               «Cantigas de Serrana»?


                     Lucía,  desde  luego,  sabe  decir  lo  que
               quiere,  y  lo  dice  como quiere.  Y  es  tal  la
               posesión  interior  que  consigue  realizar  de  lo

               que  quiere  escribir,  que,  en  medio  de  unas
               ocupaciones           serviles       absorbentes,           puede
               reanudar la escritura sin perder ni la narración

               ordenada ni la lógica de sus reflexiones. Lo que
               no  puede  acontecer  sino  cuando  se  posee  un
               gran equilibrio de alma.


                     Lucía,  es  verdad,  se  «siente  inspirada»  al
               escribir; y así lo dice en varias ocasiones... Pero,
               por favor, no hay que tomar esa palabra en su

               sentido riguroso, como lo ha hecho algún crítico
               quisquilloso. En  el  género  profético,  es  la
               convicción  de  que  una  presencia  especial  de
               Dios  cae  sobre  ella  en  los  momentos  de
               redacción. Se siente, pues, «asistida» por Dios al




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