Page 257 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 257

disculpase  diciendo  que  tenía  que  ir  a  hacer
               algunos  recados,  y  que  se  retirase:  porque,
               decía  su  Rvcia.,  puede  ser  que  su  Excia.  le
               quiera alguna cosa en particular.

                     Al  oír  este  recado,  exulté  de  alegría y

               pensé: El Señor Obispo, como lo sabe todo, no
               me hará muchas  preguntas  y  estará  sólo
               conmigo: ¡qué bien!

                     La  buena  señora  supo  hacer  muy  bien  su
               papel cuando V. Excia. Rvma., llegó. Y así, tuve
               la dicha de hablar a solas con V. Excia. Lo que
               en  esta  entrevista  pasó,  no  lo  voy  a  describir

               ahora,  porque  V.  Ex.cia  Rvma.,  de  cierto,  lo
               recuerda mejor que yo. En verdad, cuando os vi,
               Exmo.  y  Rvmo.  Señor,  recibirme  con  tanta
               bondad,  sin  hacerme la más mínima pregunta
               curiosa  o  inútil,  interesándoos  sólo  por el bien
               de  mi  alma,  y  comprometiéndoos  a  tener
               cuidado  de  la pobre  ovejita  que  el  Señor

               acababa  de  confiaros  quedé,  más  que nunca,
               creyendo que V. Excia. Rvma., lo sabía todo; y
               que no dudé ni un momento en abandonarme a
               vuestras manos.

                     Las condiciones impuestas por  V. Excia.
               Rvma., para conseguirlo, para mi forma natural
               de  ser,  eran  fáciles:  guardar  completo  secreto
               de todo lo que V. Excia. Rvma., me había dicho,

               y ser buena. Allá me fui, guardando para mi mi



                                                                              251
   252   253   254   255   256   257   258   259   260   261   262