Page 252 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 252

agua,  para que  ésta  no  se  corrompiese.  Así,
               gracias  a  esta  Divina  Providencia,  pasé  por  el
               fuego sin quemarme, ni llegar a conocer aquel
               bichillo de vanidad que acostumbra a carcomer
               todo.


                     En estas ocasiones, yo solía pensar: Todos
               se  engañan:  ni  soy  una  santa, como  dicen
               algunos;  ni  una  mentirosa,  como  dicen  otros;
               sólo Dios sabe lo que soy.

                     Al volver, corría junto a Jacinta, que me
               decía:


                     Oye,  no  vuelvas  a  irte,  ya  tenía  tantas
               ganas  de  verte;  desde que te fuiste  no  he
               hablado con nadie; con los otros, no sé hablar.

                     Llegó,  por  fin,  para  ella  el  día  de  partir  a
               Lisboa.  Ya  escribí  nuestra  despedida,  por  ello
               no la repito aquí.


                     ¡Qué tristeza la que yo sentí al verme sola!

                      En tan poco tiempo, nuestro buen Dios se
               llevó al Cielo a mi querido padre, en seguida a
               Francisco, y ahora a Jacinta, que yo no volvería
               a ver en este mundo.

                     Enseguida  que  pude  me  retiré  al  Cabezo,

               me  interné  en  la  cueva de Rocas, para



               246
   247   248   249   250   251   252   253   254   255   256   257