Page 253 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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desahogar allí, a solas con Dios, mi dolor y
derramar con abundancia las lágrimas de mi
llanto.
Al descender la cuesta, todo me recordaba
a mis queridos compañeros: las piedras, donde
tantas veces nos habíamos sen tado; las flores,
que yo ya no cogía, por no tener a quién
llevarlas; los Valinhos, donde juntos habíamos
gozado las delicias del Paraiso.
Tanto recordaba a Jacinta que, dudando de
la realidad y medio abstraída, entré un día en
casa de mi tía, y dirigiéndome al cuarto de
Jacinta, la llamé. Su hermanita Teresa, al
verme así, me impidió el paso, diciéndome que
Jacinta ya no estaba ahí.
Pasado poco tiempo, llegó la noticia de que
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había volado al Cielo . Trajeron, entonces, su
cadáver a Vila Nova de Ourém. Mi tía me llevó
allá un día, junto a los restos mortales de su
hijita, con la esperanza de que así me
distraería.
Pero, durante mucho tiempo, parecía que
mi tristeza aumentaba cada vez más. Cuando
encontraba el cementerio abierto, me sentaba
junto al sepulcro de Francisco, o de mi padre, y
71 Jacinta murió en Lisboa, en el Hospital de D.
Estefanía, el 20 de febrero de 1920, a las 22,30.
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