Page 251 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Pocos días después de enfermar, me
entregó la cuerda que usaba, diciendo:
Guárdamela, que tengo miedo que me la
vea mi madre. Si mejoro, la quiero otra vez.
Esta cuerda tenía tres nudos y estaba algo
manchada de sangre. La conservé escondida
hasta que salí definitivamente de casa de mi
madre.
Después, no sabiendo qué hacer con ella, la
quemé junto con la de su hermanito.
Enfermedad y viajes de Lucía
Varias personas de fuera que iban allí, al
verme con una cara amarillenta y medio
anémica, pedían a mi madre que me dejase ir
unos días a sus casas, diciendo que tal vez el
cambio de aire me haría bien. Por este motivo,
mi madre daba su consentimiento y así me
llevaban, ya a unos sitios, ya a otros.
En estos viajes no siempre encontraba
estima y cariño. Al lado de personas que me
admiraban y creían santa, había siempre otras
que me vituperaban y me llamaban hipócrita,
visionaria y hechicera.
Era nuestro buen Dios que echaba sal en el
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