Page 325 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 325
Porque deseo mejor que lo digas tú o
Jacinta. Yo no oí nada. Solamente puedo decir
que sí, que vi. Y después, ¿si digo alguna de
esas cosas que tú no quieres?
De vez en cuando, se alejaba de nosotros
de una manera disimulada; y, cuando le
echábamos de menos, nos poníamos a
buscarlo, llamándole. Entonces nos contestaba
desde alguna tapia, o de una mata o árbol,
donde rezaba postrado de rodillas.
¿Por qué no nos avisas para que recemos
contigo? – le preguntábamos a veces.
Porque prefiero rezar solo.
Ya escribí en las notas para el libro
Jacinta, lo que ocurrió en una propiedad
llamada Várzea. Me parece que no es preciso
repetirlo aquí.
Un día, pasábamos camino de casa por
delante de la vivienda de mi madrina de
Bautismo. Ella acababa de hacer aguamiel y
nos llamó para darnos un vaso. Entramos; y
Francisco fue el primero a quien le dio el vaso
para que bebiese. El lo tomó y, sin beber, lo
pasó a Jacinta para que bebiese primero
conmigo, y entretanto, dando un rodeo,
desapareció.
319

