Page 327 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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ella decía que no podía pasar sin su «terroncito
               de carne» A así me llamaba.

                    En  los  días  de  fiesta,  gustaba  de
               adornarme  con  su  cadena  de  oro  y  grandes
               pendientes que me caían hasta los hombros, y

               un  precioso  sombrerito  en  la  cabeza,  cubierto
               de bolas de oro que sujetaban grandes plumas
               de diversos colores.

                    Nunca aparecía otra más adornada; y mis
               hermanas  y  la  madrina  Teresa  estaban
               orgullosas  de  mí.  Para  decir  verdad,  a  mí
               también  me  gustaban  mucho  las  fiestas; y  la

               vanidad era mi peor adorno.

                    Todos  mostraban  hacia  mí  simpatía  y
               estima, menos una huérfana de la que se había
               encargado  la  madrina  Teresa,  al  morir  su
               madre.


                     Ella parecía temer que viniese a quitar algo
               de  la  herencia  que  ella  esperaba,  y  por  cierto
               no se habría equivocado si el buen Dios no me
               hubiese  destinado  otra  herencia  mucho  más
               preciosa.

                     Cuando se estaba difundiendo la noticia de
               las     apariciones,          el    padrino        se     mostró
               indiferente          y      la      madrina          totalmente

               contrariada.         Se      mostró        descontenta          por



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