Page 328 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 328

semejantes  invenciones,  como  ella misma
               decía.  Comencé  por  esto  a  escaparme  de  su
               casa  cuando  podía;  y  también  conmigo
               empezaron a desaparecer esos grupos de niños
               que  allí  con  mucha  frecuencia  se  juntaban;  y
               que  la  madrina tanto gustaba de ver danzar y

               cantar,        dándoles         higos       pasos,       nueces,
               almendras, castañas, frutas, etc...

                     Pasando,  pues,  una  de  las  tardes  de
               domingo, por delante de su casa, con Francisco
               y Jacinta, nos llamó diciendo:

                     Venid acá, pequeños embusteros, venid acá.

               Ya hace mucho tiempo que no pasáis por aquí.

                     Y, de nuevo, nos hizo muchos mimos.

                     Pareciendo          haber        adivinado          nuestra
               llegada, los otros niños empezaron a llegar. La
               buena madrina, contenta de ver otra vez en su

               casa la reunión que hacía tanto tiempo se había
               dispersado,  después  de  mimarnos  con  muchas
               cosas,  quiso  una  vez  más  vernos  cantar  y
               bailar.

                     ¡Vamos ya! ¿Qué ha de ser?, ¿qué no ha de
               ser?

                     Escogió  ella  por  fin:  «Los  parabienes

               desengañados».  Que  es  un  desafío:  los



               322
   323   324   325   326   327   328   329   330   331   332   333