Page 429 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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reunidos en torno a María, lo reciben como don
supremo de Cristo. ¿Qué es su Espíritu? Es el
Consolador y Abogado. Con la venida y difusión
del Espíritu Santo la herencia de Cristo, todavía
trepidante y ansiosa, recibe el sello de la
catolicidad que la dilata a todos los confines. El
Espíritu Santo continúa sus efusiones sobre la
Iglesia todos los días; los siglos y los pueblos le
pertenecen. Sus triunfos no están siempre a la
vista, pero de hecho están llenos de sorpresas
y de maravillas.
Las avemarías del misterio que meditamos
miran hacia una particular intención, en este
año de fervor en el que toda la Iglesia Santa,
que es peregrina en el mundo, se dispone y
prepara para Concilio Ecuménico. El Concilio ha
de ser como un nuevo Pentecostés de fe, de
apostolado, de gracias extraordinarias, para la
prosperidad de los hombres, para la paz del
mundo entero. María, la Madre de Jesús y
dulcísima Madre nuestra, estaba con los
Apóstoles en el Cenáculo de Pentecostés.
Permanezcamos durante este año más cerca de
ella, en el Rosario. Nuestras oraciones unidas a
las suyas renovarán el antiguo prodigio; y será
como el nacimiento de un nuevo día, un alba
intensa de la Iglesia católica, santa y cada vez
más santa, católica y cada vez más católica, en
los tiempos modernos.
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