Page 427 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Resucitado, a las almas más queridas, aquellas
               con quien hemos  gozado de familiaridad y
               compartido las penas. ¡Cómo se aviva a la luz
               de la  resurrección de  Jesús el recuerdo  de
               nuestros muertos!  Estos  son recordados y
               bendecidos en el sacrificio del Señor crucificado

               y  resucitado, participan aún  de nuestra vida
               mejor, que es la oración y es Jesús.

                     Por algo la liturgia oriental concluye el rito
               fúnebre con el aleluya para todos los muertos.
               Para  ellos  invocamos  la  luz  de  los  eternos
               tabernáculos,  mientras  el  pensamiento  vuela
               también  a  la  resurrección  que  espera  a

               nuestros  mortales  despojos:  et  exspecto
               resurrectionem  mortuorum. Esperar y confiar
               en la suavísima promesa de que la resurrección
               de Jesús es prenda segura, esto es pregustar el
               cielo.

                     La Ascensión de Jesús al cielo.


                     En       este       cuadro        contemplamos              la
               consumación de las promesas de Jesús. Es su
               respuesta a  nuestro anhelo  del cielo; y el
               retorno definitivo al Padre, de quien procede y
               vino  al  mundo,  es  seguridad  para  todos
               nosotros a quienes ha prometido un puesto allá
               arriba: vado parare vobis locum (Juan 14, 2).







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