Page 428 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Este misterio se ofrece ante todo como luz
y advertencia para las almas en orden a la
vocación de cada uno. Está bosquejando el
movimiento espiritual que llega a la
santificación, el anhelo de continuas
ascensiones que preparan el alma a la «medida
de la plenitud de Cristo» (Ef 4, 13); en tal
esfuerzo de perfección están comprendidos los
sacerdotes, los religiosos y las religiosas,
misioneros y misioneras, seglares
distinguidísimos, almas que quieren ser buen
perfume de Cristo (cf. 2Cor 2, 15) y viven ya
en una transmisión de vida celestial.
La enseñanza de esta decena es una
exhortación a no dejarse distraer por aquello
que apesadumbra, sino abandonarse a la
voluntad del Señor que nos conduce en alto.
Los brazos de Jesús, en la hora de su regreso al
padre, ascendiendo al cielo, se abren en un
gesto de bendición sobre los primeros
apóstoles, sobre todos los que, tras sus huellas,
siguen creyendo en él, y tienen en su corazón
un plácida y serena seguridad del encuentro
último con él y con todos los salvados, en la
felicidad eterna.
La venida del Espíritu Santo
Los apóstoles en la última cena recibieron
la promesa del Espíritu, luego en el cenáculo,
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