Page 159 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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llenaba de mimos y caricias.
La primera cosa que aprendí fue el Ave
María, porque mi madre tenía por costumbre
tenerme en sus brazos mientras enseñaba a mi
hermana Carolina, que era cinco años mayor
que yo. Mis dos hermanas mayores eran ya
grandes y a mi madre, como yo era un
papagayo que todo repetía, le gustaba que me
llevasen a todos los sitios donde iban. Ellas
eran, como se dice en mi tierra, las cabecillas
de la mocedad. Y no había fiesta ni danza donde
ellas no estuviesen: carnaval, S. Juan, Navidad;
era seguro: tenía que haber baile.
Además de esto, estaba la vendimia y la
recogida de las aceitunas, por lo que había baile
casi todos los días. En las fiestas principales de
la Parroquia, como la del Sagrado Corazón de
Jesus, Nuestra Señora del Rosario, San Antonio
etc., había siempre por la noche la rifa de los
pasteles, y el baile no faltaba. Además, está-
bamos convidadas para casi todas las bodas
que se celebraban en los contornos, porque mi
madre, cuando no era invitada para ser
madrina, lo era para ser cocinera.
En estas bodas, el baile duraba desde que
se terminaba el banquete, hasta el otro día por
la mañana. Mis hermanas, como tenían que
tenerme siempre a su lado, me arreglaban
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