Page 164 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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El  Reverendo preguntó el motivo de  mis
               lágrimas,  y  al  ser  informado,  me  llevó  a  la
               sacristía, me examinó con relación a la doctrina
               y  al  misterio  de  la  Eucaristía,  y  después  me
               trajo de la mano hasta el señor Párroco y dijo:


                     –  Padre  Pena,  V.  Rvcia.,  puede  dejar
               comulgar a esta pequeña.  Ella  entiende  lo  que
               hace, mejor que muchas de ésas.

                     –  Pero  sólo tiene seis años  –  respondió el
               buen Párroco.

                     –  No  importa,  esa  responsabilidad,  si  V.

               Rvcia., quiere, la tomo yo.

                     – Pues bien –me dice el buen Párroco–, ve
               a decirle a tu madre que sí, que mañana haces
               tu Primera Comunión.

                     Mi  alegría  no  tenía  explicación.  Me  fui

               batiendo las palmas de  alegría,  corriendo  todo
               el camino,  para dar la buena noticia a mi
               madre, que en seguida comenzó a prepararme
               para llevarme a confesar por la tarde.

                     Al llegar a la iglesia, le dije a mi madre que
               quería  confesarme  con  aquel  sacerdote  de
               fuera.


                     El  estaba  confesando  en la  sacristía,



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