Page 160 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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tanto como a ellas mismas. Y como una de mis
               hermanas  era  costurera,  no  me  faltaba  ya  el
               traje  más  elegante  usado  por  las  campesinas
               de mi tierra en aquel tiempo: la falda plisada,
               el  cinturón  de  encaje,  con  las  puntas  caídas
               para  atrás,  y  el  sombrero  con  sus  cuentas

               doradas y las plumas de varios colores. A veces
               parecía que vestían a una muñeca en lugar de
               a una niña.

                     Diversiones populares

                     En los bailes me ponían encima de un arca o
               de  otra  cosa  alta, para no ser  pisada por  los

               asistentes,  y  desde  allí  debía  entonar  varios
               cantos  al son  de la guitarra  o del acordeón.
               Para esto, mis  hermanas  me  adiestraban,  así
               como  para  bailar  algún  vals,  cuando  faltaba
               alguna pareja. Esto yo lo hacía con una destreza
               única, atrayendo así la atención y los aplausos
               de  los  asistentes.  No  me  faltaban  premios y

               obsequios  de  algunos  que querían dar  gusto  a
               mis hermanas.

                     Los domingos  por  la tarde,  toda  esta
               juventud  se  reunía  en  nuestro  patio:  en  el
               verano, a la sombra de tres grandes higueras;
               y, en el invierno, en un cobertizo que teníamos
               en  el  lugar  donde  está  ahora  la  casa  de  mi
               hermana María, para pasar así la tarde,

               jugando y hablando con mis hermanas.



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