Page 161 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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En  la  Pascua  se  hacía  allí  la  rifa  de  las
               almendras,  tocándome  la  mayor  parte  de  las
               rifas,  porque  algunos  lo  hacían  así  a  propósito
               para ser agradables. Mi madre se pasaba estas
               tardes sentada a la puerta de la cocina que daba
               al pátio, desde donde podía ver lo que sucedía:

               unas veces, con un libro en las manos leyendo;
               otras,  hablando  con  algunas  de  mis  tías  que
               venían  a pasar el rato con ella. Conservaba
               siempre  su  seriedad  habitual,  y  todos  sabían
               que lo que ella dijese era palabra sagrada que
               era preciso obedecer sin demora.

                     Nunca  vi  que  delante  de  ella  alguien  se

               atreviese a decir una palabra menos respetuosa
               o     con      menos         consideración.          Se      decía
               ordinariamente,  entre  aquella  gente,  que  mi
               madre valía más que todas las hijas. Recuerdo
               haber oído decir varias veces a mi madre:


                           No     sé     qué      provecho        parece
                     encontrar esta gente en andar hablando
                     de  las  cosas  de  los  otros;  para  mí no
                     hay nada como una lectura sosegada en
                     mi  casa.  ¡Estos  libros  traen  cosas  tan
                     bonitas!  Y  la  vida  de  los  santos,  ¡qué
                     belleza!

                     Me  parece  que  ya  dije  a  V.  Excia.  Rvma.,
               cómo pasaba los días de la semana rodeada de
               niños  de  nuestro  pueblo;  que  las  madres  para




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