Page 162 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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poder ir al campo, le pedían a la mía poderlos
dejar junto a mí. También me parece que en el
escrito que envié a V. Excia. Revma., sobre mi
prima, decía cuáles eran mis juegos y
entretenimientos. Por ahora no me entretengo
en ellos.
Así arrullada de mimos y caricias, llegué a
mis seis años. Y, para decir la verdad, el mundo
comenzaba a sonreírme y sobre todo la pasión
por el baile iba echando en mi pobre corazón
hondas raíces. Y confieso que, si nuestro buen
Dios no hubiese usado para conmigo su especial
misericordia, por ahí el demonio me hubiese
perdido.
Si no me equivoco, también le conté ya a V.
Excia., en el mismo escrito, cómo mi madre
acostumbraba a enseñar la doctrina a sus hijos
durante las horas de la siesta, en el verano. En
el invierno, nuestra lección era por la noche, al
sentarnos, después de la cena, junto al fuego
de la cocina, mientras asábamos y comíamos
castañas y bellotas dulces.
Primera Comunión
Se aproximaba, pues, el día que el señor
Párroco había fijado para que los niños de la
Parroquia hiciesen su Primera Comunión
solemne. Mi madre pensó que ya que su hija
sabía bien la doctrina y que tenía cumplidos los
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