Page 167 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Vigilia de esperanza

                     Mis  hermanas  quedaron trabajando esa
               noche  para hacerme  el vestido blanco y la

               guirnalda de flores. Yo, por la alegría, no podía
               dormir  y  no  había  manera  de  que  pasasen  las
               horas.  Constantemente  me  levantaba  para  ir
               junto  a  ellas  y  preguntarles  si  aún  no  era  de

               día,  si  me  querían  probar  el  vestido,  la
               guirnalda, etc.

                     Amaneció,  por  fin,  el  día  feliz;  pero  las
               nueve ¡cuánto  tardaban!.  Ya  vestida  con  mi
               vestido blanco, mi hermana María me llevó a la

               cocina  para  que  les  pidiese  perdón  a  mis
               padres,  besarles  las manos  y  pedirles  la
               bendición.


                     Terminada la ceremonia, mi madre me hizo
               las  últimas  recomendaciones.  Me  dijo  lo  que
               quería que yo  pidiese  a  Nuestro  Señor  cuando
               lo tuviese en mi pecho y me despidió con estas
               palabras:  –  Sobre  todo,  pide  a  Nuestro  Señor

               que te  haga  una santa –; palabras que se me
               grabaron  tan  fuertemente  en  el  corazón,  que
               fueron  las  primeras  que  dije  a  Nuestro  Señor
               después que lo recibí.  Y  aún hoy  parece que

               oigo el eco de la voz de mi madre que me las
               repite.





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