Page 172 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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cuando oían la fiesta que nosotros hacíamos. A
               varias  mujeres  oí  decir  algunas  veces  a  mi
               madre:
                     «¡Qué  feliz  eres  tú!  ¡Qué  encanto  de  hijos
               que Nuestro Señor te dio!»


                     Teníamos también, a su tiempo, la esfoyaza
               del maíz a la luz de  la luna. Entonces me
               sentaba en el montón de  maíz y era la
               encargada de  dar a todos los asistentes el
               abrazo cuando aparecía alguna mazorca roja.

                     Reflexión de la protagonista


                     No sé si los hechos que hace poco acabo de
               contar  de  mi  primera Comunión, fueron  una
               realidad o una ilusión de niña. Lo que sí sé, es
               que  ellos  tuvieron  siempre  y  tienen  aún  hoy,
               una gran influencia en la unión de mi alma con
               Dios.


                     No sé por qué cuento todas estas cosas de
               mi vida familiar, pero es Dios el que así me lo
               inspira. El sabe el motivo por el que lo hace. Es
               tal vez para que V. Excia. Rvma. pueda ver qué
               sensible  iba  a  ser  al  sufrimiento  que  el buen
               Dios me iba a pedir, después de haber sido tan
               mimada. Y como  V.  Excia.  me  manda  decir
               todos  los  sufrimientos  que  Nuestro Señor me
               pidió y las gracias que, por su misericordia, se

               dignó  concederme,  me  parece  que  así  me  es



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