Page 171 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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movimientos  del  huso  formando  el  hilado  y
               guiarlo a la tejedora.

                      De  esto  teníamos  siempre  mucho  que
               hacer, porque ordinariamente había siempre en
               nuestra  casa  varias  jóvenes de fuera, que

               venían  a  aprender  de  tejedoras  y  costureras.
               Estas jóvenes, generalmente, testimoniaban un
               gran        afecto       por       nuestra         familia,        y
               acostumbraban a decir que los mejores días de
               su  vida  habían  sido  los  que  habían  pasado  en
               nuestra casa.

                     Como  mis  hermanas,  en  alguna  época  del

               año,  tenían  que  trabajar  durante  el  día  en  el
               campo, tejían y cosían por las tardes. Después
               de la cena y del rezo que le seguía, dirigido por
               mi padre, se comenzaba a trabajar.

                     Todos tenían qué hacer: mi hermana María
               costura;  mi  madre  hilaba;  Carolina  y  yo,

               después  de  arreglar  la  cocina,  estábamos
               empleadas  en  quitar  los  hilvanes,  coser
               botones, etc.;  mi  hermano,  para  espabilarnos
               del sueño, tocaba el acordeón, al son del cual,
               cantábamos varias cosas.

                     Los  vecinos  venían,  no pocas  veces,  a
               hacernos compañía y  solían decir que, a pesar
               de  que  no  los  dejábamos  dormir,  se  sentian

               alegres  y se les  pasaban todos los enfados,



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