Page 168 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Allá  fui,  camino  de  la  iglesia,  con  mis
               hermanas; y para que no me manchase con el
               polvo del camino, mi hermano me subió sobre
               sus  hombros.  Cuando  llegué  a  la  iglesia,  corrí

               hasta el altar de Nuestra Señora, para renovar
               mi  súplica.  Allí  me  quedé,  contemplando  la
               sonrisa  del  día  anterior,  hasta  que  mis
               hermanas me fueron a buscar, para colocarme
               en el lugar que me estaba destinado.


                     Los niños eran muchos. Formaban, desde el
               fondo de la iglesia hasta la balaustrada, cuatro
               filas: dos de niños, y dos de niñas. Como yo era

               la  más  pequeña,  me  tocó  junto  a  los  ángeles,
               en la grada de la balaustrada.

                     El día Grande

                     Comenzó la Misa cantada, y a medida que

               se  aproximaba  el  momento,  mi  corazón  latía
               más  deprisa  esperando  la  visita  del  gran  Dios
               que iba a descender del Cielo, para unirse a mi
               pobre alma.

                     El  señor Párroco  bajó  por entre las filas
               para distribuir el Pan de los  Angeles.  Tuve  la

               suerte  de  ser  la  primera.  Cuando  el  sacerdote
               bajaba  las  gradas  del  altar,  el corazón  parecía
               querer  salírseme  del  pecho.  Pero  después  que
               puso  sobre  mis  labios  la  Hostia  Divina,  sentí
               una serenidad y una paz inalterables; sentí que


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