Page 206 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Tú  ahora  sólo  debías  comer  de  lo  que  se
                cultiva en Cova de Iría. Estas cosas me dolían
                tanto,  que yo no me atrevía a coger  ni  un
                pedazo de pan para comer.


                    Mi madre, para obligarme a decir la verdad,
                como  ella  decía,  llegó,  no  pocas  veces,  a
                hacerme sentir el peso de algún palo destinado
                a la lumbre, que se encontrase en el montón
                de leña, o el de la escoba.

                    Pero,  como  al  mismo  tiempo  era  madre,
                procuraba  después  levantarme  las  fuerzas
                decaídas, y se afligía al verme consumir con la

                cara  paliducha, temiendo que fuese a
                enfermar.

                    ¡Pobre madre!; ahora sí que comprendo de
                verdad  la  situación  en  que  se  encontraba  y
                tengo pena de ella. En verdad ella tenía razón
                en juzgarme indigna de un favor así, y por ello

                me creía mentirosa.

                    Por  una  gracia  especial  de  nuestro  Señor,
                nunca        tuve      el    menor        pensamiento           ni
                movimiento en contra de su modo de proceder
                en relación a mi persona.

                    Como  el Ángel  me había  anunciado  que  el

                Señor me enviaría sufrimientos, vi siempre en
                todo ello la acción de Dios, que así lo quería.



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