Page 211 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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nos hacía, a veces, sufrir horriblemente.
Jacinta dejaba, en ocasiones, caer algunas
lágrimas debido al daño que le causaba; yo le
decía entonces que se la quitase; pero ella me
respondía:
– ¡No!, quiero ofrecer este sacrificio a
Nuestro Señor en reparación y por la
conversión de los pecadores.
Otro día, jugábamos cogiendo de las paredes
unas hierbas, que producen un estallido cuando
se aprietan con las manos. Jacinta, al recoger
estas hierbas, cogió sin querer también una
ortiga, con la que se produjo picor. Al sentir el
dolor, las apretó más con las manos, y nos
dijo:
– Mirad, mirad, otra cosa con la que nos
podemos mortificar, de vez en cuando, con las
ortigas dando un golpe en las piernas, para
ofrecer a Dios también aquel sacrificio.
Si no me engaño, fue también en el
transcurso de este mes cuando adquirimos la
costumbre de dar nuestra merienda a nuestros
pobrecitos, como ya conté a V. Excia. Rvma.,
en el escrito sobre Jacinta. Mi madre comenzó,
también, en el transcurso de este mes, a estar
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