Page 215 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Excusado será decir que obedecimos
puntualmente sus órdenes.
Como en el mes pasado Nuestro Señor,
según parece, había querido manifestar alguna
cosa extraordinaria, mi madre tenía la
esperanza de que en ese día, esos hechos
fueran más claros y evidentes. Pero como
nuestro buen Dios, tal vez para darnos la
ocasión de poder ofrecerle algún sacrificio
más, permitió que en este día no trasluciese
ningún rayo de su gloria, mi madre se
desanimó de nuevo y la persecución en casa
comenzó otra vez.
Eran muchos los motivos por los que se
aflijía. A la pérdida total de Cova de Iría, que
era un bonito pastizal para nuestro rebaño, y
de los comestibles que allí se recogían, se
venía a juntar la convicción, casi cierta, como
ella decía, de que los acontecimientos no
pasaban de simples quimeras y fantasías de
imaginaciones infantiles.
Una de mis hermanas no hacía otra cosa
que ir a llamarme y quedar en mi lugar
pastoreando nuestro rebaño, para que yo fuese
a hablar con las personas que pedían verme y
hablarme.
Esta pérdida de tiempo, para una familia
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