Page 213 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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Jacinta y Francisco en casa. Poco después,
acabaron por venderlo. Y yo comencé a ir sola
con mi rebaño, porque no me gustaba andar
con otra compañía.
Como ya conté a V. Excia., Jacinta y su
hermano iban conmigo, cuando yo iba cerca;
y si el pastoreo era lejos, iban a esperarme al
camino. Puedo decir que fueron verdade-
ramente felices esos días para mí en que,
sola, en medio de mis ovejas, desde la cima de
un monte o desde las profundidades de un
valle, yo contemplaba los encantos del cielo y
agradecía a nuestro buen Dios las gracias que
desde allá me había mandado.
Cuando la voz de alguna de mis hermanas
interrumpía mi soledad, llamándome para que
fuera a casa para hablar con tal o cual
persona que me buscaba, yo sentía un
profundo disgusto, y sólo me consolaba el
poder ofrecer a nuestro buen Dios, una vez
más, este sacrificio.
Vinieron un día a hablarnos tres caballeros.
Después de su interrogatório, bien poco
agradable, se despidieron diciendo: “Mirad si
os decidís a decir ese secreto; si no, el señor
Administrador está dispuesto a quitaros la
vida”.
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