Page 218 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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que  procuró  tranquilizarme,  sentándome  en
                sus  rodillas,  y  preguntándome  con toda
                amabilidad. Terminado su interrogatório, pidió
                a  mi  madre  que me  dejara  ir  a  enseñarle  el

                sitio de las apariciones y rezar allí con él.  Mi
                madre accedió a su petición y nos fuimos allá.
                Pero yo me estremecía de pavor al verme sola,
                por  aquellos  caminos,  en  compañía  del
                desconocido.


                    Me tranquilizó, sin embargo, la idea de que
                si  me mataba  iría  a  ver  a  Nuestro  Señor  y
                Nuestra Señora.


                    Llegados  al  lugar,  puestos  de  rodillas,  me
                pidió que rezase un Rosario con él para pedir a
                la Santísima Virgen una gracia que él deseaba
                mucho:  que  una  tal  muchacha  consintiese

                recibir  con  él  el sacramento  del  matrimonio.
                Me  extrañó  la  petición,  y  pensé:  si  ella  le
                tuviese  tanto  miedo  como  yo,  nunca  te  diría

                que sí.

                    Terminado  el  rezo  de  nuestro  Rosario,  el

                buen  joven  me  acompañó  hasta  cerca  del
                pueblo y me despidió amablemente recomen-
                dándome su  intención.  Empecé  entonces  una

                carrera desenfrenada hasta llegar a casa de mis
                tíos, temiendo que él volviese atrás.




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