Page 223 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
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hechos  había  concluido y su  Rvcia., no sabía
                qué  decir  a  todo  esto.  Comenzó  también  a
                demostrar su descontento:

                    – ¿Para qué va esa cantidad de gente a pos-

                trarse en oración a un descampado, cuando el
                Dios Vivo, el Dios de nuestros altares, sacra-
                mentado,  permanece  solitario,  abandonado
                en  el  Tabernáculo? ¿Para qué ese dinero que
                dejan, sin fin alguno, debajo de esa carrasca,
                mientras la iglesia en obras no hay manera de
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                acabarla, por falta de medios?


                    Yo  comprendía  perfectamente  la  razón  de
                sus reflexiones; pero, ¿qué podía yo hacer?; si
                yo fuese la señora de los corazones de estas
                personas, los inclinaría, ciertamente, hacia la
                iglesia. Pero como no lo era, ofrecía también a
                Dios este sacrificio.


                    Como  Jacinta  tenía  la  costumbre  en  los
                interrogatórios de ba- jar la cabeza, poner los
                ojos en el suelo y no decir casi nada, yo era la
                llamada casi  siempre  para satisfacer la
                curiosidad  de  los  peregrinos.  Era,  por  ello,
                continuamente  llamada  a  casa  del  Sr. Cura
                para  ser  interrogada  por  ésta  o  aquella


               61  Se puede afirmar, por los documentos de entonces,
               que una de las razones de la salida del Párroco fueron
               las dificultades en la construcción de la nueva iglesia.



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