Page 221 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 221
La tarde de este día la pasé con mis
primos, como si fuésemos algún bicho raro que
la multitud procuraba ver y observar. Llegué a
la noche verdaderamente cansada de tantas
preguntas e interrogatorios, los cuales no
acabaron ni con la noche.
Varias personas, porque no habían podido
interrogarme, quedaron haciendo turno para la
mañana siguiente. Aún quisieron algunos
hablarme por la noche; pero yo, vencida por el
sueño, me dejé caer en el suelo para dormir.
Gracias a Dios, el respeto humano y el amor
propio en aquella edad aún no los conocía, y
por ello estaba tranquila ante cualquier
persona, como si estuviese con mis padres.
Al día siguiente continuaron los
interrogatorios, o, mejor dicho, en los días
siguientes, porque, desde entonces, casi todos
los días querían ir a Iría, y todos querían ver a
los videntes, hacerles sus preguntas y rezar
con ellos el Rosario.
A veces me sentía tan cansada de tanto
repetir lo mismo y de rezar, que buscaba un
pretexto para excusarme y escapar. Pero
aquella pobre gente insistía tanto, que yo tenía
que hacer un esfuerzo, a veces no pequeño,
para satisfacerla. Repetía, entonces, mi oración
habitual en el fondo de mi corazón:
215

