Page 216 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 216
rica, no sería nada; pero para nosotros, que
teníamos que vivir de nuestro trabajo, era
algo importante. Mi madre se vio obligada,
pasado no mucho tiempo, a vender nuestro
rebaño, que hacía, para el sustento de la
família, no poca falta. De todo esto se me
culpaba y todos me lo echaban en cara en los
momentos críticos.
Espero que nuestro buen Dios me lo haya
aceptado todo, pues yo se lo ofrecí, siempre
contenta, por poder sacrificarme por Él y por
los pecadores. A su vez, mi madre sufría todo
esto con una paciencia y resignación heroicas;
y si me reprendía y castigaba, era porque me
creía mentirosa. A veces, completamente
conforme con los disgustos que Nuestro Señor
le enviaba, decía:
¿Será todo esto el castigo que Dios me
manda por mis pecados? Si así es, bendito sea
Dios.
Sin espíritu de lucro
Una vecina se acordó un día, no sé cómo,
de decir que unos señores me habían dado,
no recuerdo qué cantidad de dinero. Mi
madre, sin más, me llamó y me preguntó por
ello. Como yo le dije que no lo había recibido,
quiso entonces obligarme a entregarlo; y, para
210

