Page 225 - Nuestra Señora de Fátima Las memorias
P. 225
La pobre niña, al oír mis razones, comenzó
a llorar y, como en mayo, según lo que ya le
escribí en su historia, me pidió perdón. Quedé,
pues, con mis escrúpulos, sin saber cómo
resolver mí duda.
Pasado poco tiempo, se presentó otro
sacerdote de Santarém. Parecía hermano del
primero o, al menos, que se habían ensayado
juntos: las mismas preguntas y enredos, los
mismos modos de reír y hacer burla; hasta la
estatura y facciones parecían las mismas.
Después de este interrogatorio, mis dudas
aumentaron, y no sabía verdaderamente qué
hacer. Pedía constantemente a Nuestro Señor
y a Nuestra Señora que me dijesen cómo debía
actuar: No os quiero ofender con mentiras,
pero bien veis que no es bueno decir todo lo
que me dijisteis!
En medio de esta perplejidad, tuve la
63
suerte de hablar con el Vicario de Olival . No
sé por qué su Rvcia., me inspiró confianza y le
expuse mis dudas.
Ya escribí en el escrito sobre Jacinta cómo
su Rvcia., nos enseñó a guardar nuestro
63 Se trata del P. Faustino
219

